La Búsqueda de Deseo. – III

 

Todos esperaríamos que el Iniciado Danil sea una mente brillante. Una mezcla de ingenio, o por lo menos picardía,  y conocimientos más allá de nuestra imaginación. Un chico que terminaría siendo un gran sabio en su madurez.

Pero no.

Danil era un joven que se acercaba más a lamediana edad de lo que se esperaría en un Iniciado. Trabajaba con vacas, cabras y gallinas, y su capacitación como Iniciado de los Grandes Misterios solo se basaba en que había estado presente los últimos años cuando los ancianos discutían sobre ellos. Pero los vejestorios apolillados del templo no tenían a nadie más que se pudiera defender solo en tan largo viaje.
Todos los caminos que llevan al Monte Cetrino tienen atraviesan un gran bosque que se extienda por la falda de la cordillera. Un gran bosque con hayas que hundían su raíces hasta abrazarse a la montaña mientras viejos robles ganaban la partida. Era un bosque digno de cualquier cuento que empiece por “Erase una vez”, pero según ascendías a la cordillera, las afiladas calizas empezaban a devorar el bosque y estas se extendían hasta llegar al Sendero entre las Montañas, una angosta calzada construida en tiempos pretéritos que subía por el lado este del Monte cetrino. Definitivamente un camino digno de un cuento.

Pero el bueno de Danilcogi´a su burra Evarista, unas cuantas provisiones y una docena de cuartillas con sus plumas, cortaplumas y tinteros. Y, en al misma playa donde Numerios fue hallado, una barca recogió al novicio para que seleccionara al héroe de esta aventura. Un héroe para que cazara a Deseo y recuperara su libro.

Imaginemos como Danil recorría el camino preguntándose desde el fondo de su corazón sí habría alimentado bien a sus vacas la mañana de su partida. Siempre tenía algo de cebada que les daba de golosina antes de sacarlas a pastar por los montes colindantes al templo. Un corazón voluntarioso como el de Danil hace con ilusión y sueña siempre lo mejor. Recordaba con incredulidad lo bien que se sintió al recibir un buen queso entre las provisiones del viaje.  El amor por la vida era lo que ayudaba a proseguir con la ardua tarea que los viejos barbas blancas cegatos le habían encomendado. Recordaba con incredulidad lo bien que se sintió al recibir un buen queso entre las provisiones del viaje. Pero su mente le decía que debía concentrarse en el camino. Danil tenía la intención de ser útil. Pues indagar en los secretos de los muertos solo podía afectar a la rutina de los vivos y Danil amaba su rutina. El mundo de los sueños te permite huir de la rutina, pero incluso en las claras aguas del Estanque Dormido puedes perderte en una rutina que hace de la realidad un nuevo sueño. Un sueño mucho más gris. Cuando Danil entraba en el mundo de los sueños volvía con el sabor agridulce de un sano despertar.
El día despertaba y la noche aún era un descanso tranquilo para él. Mientras pensaba en las angustiosas noches del hermano Numerios, cuando despertaba a los novicios iniciados para que hirviera agua con tila, romero y menta. Sus ojos estaban rojos continuamente y su voz, antaño desenfadada y saltarina, dejaba salir la gravedad de los oscuros pozos del conocimiento del libro.

Un saliente en la carretera le devolvió al presente. Aún debía planificar muchas cosas para la reunión en el Monte Cetrino.

Quería un campeón bien preparado para la tarea. Ni muy alto ni muy bajo pero que su cuerpo presentara los cambios que producen un duro trabajo, como aquel que iba a realizar. No quería que fuera en exceso soñador. Solo lo suficiente para creer en la arcaica causa pero que el miedo redujera el orgullo del guerrero. Si era demasiado soñador podría caer en la agonía de desear a Deseo. Y ella estaría encantada con ello. Ese toque realista era necesario. Sin una mete fría no podría superar los múltiples obstáculos que el camino seguro que le demostraría. Danil quería algún noble capitán de una gran ciudad, Si. Alguien acostumbrado al mando y veterano de mil batallas. Debía ser culto y saber leer y escribir. Esperaba que también fuera el hijo menos de algún rey que buscase gloria para su nombre al no ser el heredero… Se podría decir que Danil tenía algo de la ingenuidad de los viejos del templo, esa vertiente soñadora que acompaña a los hombres casados con el conocimiento.

SR. J. FAILURE

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