Despertar

Se sentía horrible. Rodeado de la mierda que embadurnaba todas las partes de la habitación. Todo es superfluo y cuando el leve tacto de nuestras yemas soba las formas inertes de nuestro entorno, la existencia intenta inundar el mundo. Solo intenta pues, solo el suave aroma del tabaco le parecía real. Los ondulantes humos, trepadores insensibles de nuestro pecho hacía las judías escondidas de nuestro deseo. Serpientes.
La habitación volvió lentamente a su aleteo habitual. Descubrieron de nuevo las formas y vieron sus desnudos cuerpos dispuestos para alimentarse con los suculentos manjares del supermercado. Para esconder al resto de las personas que antes reinaban en sus mentes.


No fue efímero ni sustancial. No tubo forma ni esencia que prostituyera el momento intenso, duradero, quizás algo espeso. La Niña se acurruco entre las sabanas de su mundo y aspiro el leve aroma tabaquero de El Triste, quien se maceraba en caliente sobre su untuosa cama de suspiros. Su humo lo guardo dentro, hasta que no le quedo nada por lo que seguir aguantando.
Tengo pena.
Y, ¿Quién no la tiene sucumbido como estás al pasado? Puede que el susurro de la noche entre pronto y te regale la dulce melancolía de los sueños. El Mayor puede esperar despierto a que viajes solo sobre el mundo conocido y vuelvas para reposar en el desconocido presente.
No creo que yo tenga de eso. –Putrefacta.- No creo en la necesidad de la necesidad. Irremediablemente me veo abstraída en mi insulso presente.- Mentirosa.
Yo solo quiero llorar el amargo pasado.- Soltó todo el aire que le quedaba dentro y la mitad del humo de su cigarro. Humo.
El espeso manto se extendía arropando los cuerpos de los trotamundos imaginarios; aquellos que rompían los altos pilares que sujetan el peso de sus mentiras internas, de las enormes salas que habían decorado con pasajes inventados y muchas veces olvidados.
Ambos giraron sus caderas al unísono y se dieron el culo para celebrar que ninguno quería recibir a Morfeo mirando la asquerosa cara del otro. El amor es doloroso. Nadie mentía al respecto. Ni nadie olvidaba el efecto. Somnoliento.
Desayunaron tortitas con nata y chocolate de Nutella fundido. Las grises paredes del mundo saborearon los olores de los crepes y luego cogieron algo de color mañanero. Luces del amanecer entrando como la caballería ligera en el ardiente infierno de la habitación. Era lo que necesitaban para darse cuenta que jamás recobraran los intensos momentos antes de darse cuenta de que ni se querían, ni soportaban su presencia. Solo se odiaban con la suficiente fuerza como para caer noche tras noche en las lágrimas purificantes que le otorgaba La Niña y en los humos que despedía El Triste.

SR. J. FAILURE

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