El roce

La noche era fría. Era de aquellas noches que se ven insoportables en un inicio, pero que ya antes de volver a casa uno se acostumbra a ellas, quizá porque ya no le queda calor en su cuerpo y el frío le acostumbró hace rato.
Al entrar a casa se percibe mejor el cambio de temperatura y se pregunta uno cómo podía estar como estaba estando tan frío. Se quitó rápidamente la ropa para vestir el pijama, tan rápido que ni encendió la luz. Al adentrarse en las sábanas, cual cría de canguro en bolsa materna, notó un roce, pero no un roce con sábanas, colchón o con propio cuerpo, sino un roce con una fuerza, algo ajeno, casi una estufa,, una fuente de energía.
Y no podía ser otra cosa pues la transmisión fue instantánea. El cerebro no entendió, en esos dos segundos que parecieron eternidades (y hasta que no hubo más y más hasta ser múltiples los contactos de diferentes partes y de diferentes cuerpos), que lo que allí se encontraba, era ella.
Ella. Ella tan quieta y tan pulcra, representada en esa piel perfecta, caliente y sanadora, como paño húmedo que una anciana posa sobre la frente de su nieto enfermo y que, no sólo por la temperatura, sino por el amor y la energía transmitida, sana al instante.
Allí estaba ella perdiendo su energía para dársela a él, para que ambos fluyeran en esa cama de esa habitación y llegar al equilibrio hasta dormirse.

 

Mikoelo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s