STAD-GALERIE 1.LA PARTE DE LA LATINA

 

La primavera trae consigo el despertar de la naturaleza. Sobre los campos mustios y ocres del invierno vuelve a crecer exuberante la hierba, los prados se cubren de bellas flores, y los primeros insectos en emerger de la crisálida revolotean en círculos devorando el suculento fruto de los estambres. Una suave brisa veraniega acaricia la llanura zarandeando el follaje como si fuera cabello. El sol resplandece en lo alto colándose entre unas pocas nubes, inundando el paisaje de una luminosa esperanza. En lontananza se distingue el casco anaranjado de la ciudad, característico de la arenisca de Villamayor que conforma sus antiguos edificios. Como el paisaje que la circunda, también la antigua ciudad de los estudiantes se encuentra en su máximo apogeo. Las aguas del Tormes, que dividen en dos partes la ciudad, resplandecen como desquebrajándose en mil diamantes, reflejándose de forma ondulante la silueta de los álamos que se alzan junto a la orilla. Entre las robustas ramas de los álamos, que durante el invierno tenían el aspecto de una tétrica osamenta, se escucha silbar con entusiasmo a los gorriones, ¡Por fin abandonan el mugriento canalón y pueden construir sus pequeños nidos entre la confortable hojarasca!
Dejando atrás el puente romano, una serie de callejuelas nos conducen hasta el corazón de la ciudad. El aroma que desprenden los cerezos en flor, que custodian estas callejuelas, embriaga desde el principio al viandante que las recorre. Como enormes senos de plata descubrimos las cúpulas de la catedral, cuya formidable estructura ostenta diversos bajo relieves acaparando la atención a los transeúntes obnubilados. Sin embargo, no piense el lector que la causa de esta obnubilación se deba únicamente a su contenido religioso, ni tampoco al ingenio del artista, ni mucho menos al inconmensurable esfuerzo de los obreros. Nada de eso, algún artista del siglo XVI, (porque contado así se vende mejor la restauración) ¡algún genio entre los escultores! Tuvo que adelantarse mucho a su época al considerar con tanto acierto que el fututo del arte no podría subsistir por el mero hecho de ser contemplado. No, las futuras democracias también empapelarían al arte, ¡El arte tiene que ser demócrata! ¡El arte tiene que entretener como se entretienen nuestros políticos en el parlamento! De ahí que nuestro escultor se regocijara para sus adentros, y mientras tallaba con esmero sus grabados, pensara: “¡déjese usted de maravillarse y busque con detenimiento el maldito astronauta!”. Lo mismo puede decirse del famoso detalle ornamental ladrado en la portada del edificio de la universidad. ¿Quién no ha buscado con sosiego el anfibio que reposa sobre la calavera? ¡Hoy día icono de la ciudad, pues lo que es el Quijote para la mancha lo es la ranita para los charros! ¡La fuerza centrípeta de la imbecilidad, enclave del turismo internacional, bienaventuranza del estudiante escalabrado! Ya lo dijo Miguel de Unamuno, ¿qué les importarán a estas gentes de “inagotable curiosidad” la riqueza iconográfica de la fachada, cuando de lo que se trata es de descubrir en cual de las tres calaveras yace la rana? Pero se ha molestado usted en identificar los blasones, en admirar los festones, los candelabros, la decoración exuberante, el virtuosismo técnico del tallado, la profusión de detalles etc. ¡Oh, no! Lo cierto es que usted recorrió seiscientos kilómetros en busca de una rana. ¡Váyase usted al Tormes si quiere ver ranas! ¡Acuda a “La Viga” si lo que quiere es comérselas!
Con la ostentosa catedral a nuestras espaldas, podemos descansar bajo la sombra que nos ofrecen los esbeltos cipreses de Anaya, entre las “frescas” rosas que jalonan sus jardines. Si por alguna razón, nos sentimos exhaustos tras buscar sin éxito al maldito astronauta, o alguno de nuestros amigos se quedó tuerto de tanto fijar el ojo en la rana, quizás convenga olvidar por unos instantes la rica iconografía de la ciudad y demorar un poco en observar el resto de la plaza.
Como decía el gran literato, vivir es esto: gozar del placer dulce de vegetar al sol y sobre las escaleras de la hermosa facultad de filología, se amontonan por partes iguales estudiantes y turistas, algunos vemos que toman plácidamente el sol como si fueran lagartos, otros que tocan la guitarra rodeados de su cortejo de admiradoras, otros que intercambian apuntes y alguno hay que ha decidido tomarse el día libre y entregarse a sus ensoñaciones fumándose un buen canuto. Lo cierto es que, por el mes de mayo, la ciudad entera despierta como de una pesadilla. ¡Atrás quedan los días tristes y oscuros! ¡Ha llegado la hora de salir de las madrigueras y tomar el sol! ¡Ya está a disposición de los interesados el ruidoso trenecito las veinticuatro horas del día! La calle Rúa, columna vertebral del casco histórico, recobra su concurrencia habitual. Como las colonias de hongos, las heladerías brotan de la nada con la misma exuberancia. Los hoteles se colapsan, y en los restaurantes, cuya misión consiste en pescar viandantes al mismo tiempo que se procede a deshilvanar sus bolsillos, las oxidadas cocinas se recuperan del invierno gracias a la colaboración indispensable (ya que pocas veces se les paga) de un numeroso ejército de relaciones públicas que desde bien temprano acechan en cada esquina como buitres carroñeros.
Salamanca retoma durante el mes de mayo el puesto número uno en logística de empleo, ¡Para que luego digan los socialistas que en España no hay trabajo! los vendedores ambulantes circulan ofreciendo claveles al enamorado y romero al supersticioso, las tiendas de suvenires vuelven a ponerse de moda y el sueño de hacerse millonario ocupa de nuevo las cabezas de sus propietarios. Pero no todo es negocio, también el amor parece abrirse camino durante el mes de mayo, las feromonas revolotean como mariposas entre sus jóvenes estudiantes. Hemos pasado del escaparate de rebajas a la cruda realidad. ¡Tal y como aparece en la revista! Con los abrigos encerrados bajo llave, el cortejo sexual adquiere otras facetas, quién no se enamora en primavera es porque está ciego. ¡Fijaos en esa morena que baja en dirección a las caballerizas! ¡Menudos tacones lleva! Con esos andares… con esa presencia… ¡Podría decirse que va directa al establo! Y esa rubia de ahí… ¡Pero qué bien teñida! ¡Cómo se me van los ojos bajo el pliegue de su falda! ¡Qué tendrá la primavera, Dios mío! ¡Qué a cada cual la veo más bonita! ¡Jamás vi piernas tan bien depiladas como en el mes de mayo! Y esos pechos, ¡qué bien puestos! ¡Con qué sugerencia se alzan sobre el escote, que hasta los hace parecer grandes y tiernos como frutos del paraíso! Pero no olvidemos a sus potenciales medias naranjas, el sector masculino también se prepara con la misma devoción. Aunque todavía no hace mucho calor, ya ha llegado el momento de quitarse la camiseta y lucir con discreción esos músculos tan bien torneados, esas espaldas, esos pectorales de atleta consagrado. ¡Cuánto negocio ha hecho la empresa surtidora de batidos enriquecidos en proteínas! ¡Qué fuertes se ven esos brazos hinchados de aire a punto de reventar bajo la piel! y si todo quedara ahí… Pero no, se da una tercera mutación en el juego de las apariencias, como las ideas de platón, las ideas de los cuerpos participarán ahora del mundo de las redes. Ya no basta con ser inverosímil, debemos hacer de la de la inverosimilitud la cosa más sagrada. Continuemos aportando nuestro pequeño granito dentro de esta sociedad hipócrita. ¡Todo sea por agradar al prójimo!
Pero dejémonos ya de tanta zoología, una vez que el ser humano ha optado por desnaturalizarse, ¿cabe acaso un mínimo interés? Lo cierto es que yo he venido aquí para hablar de otras materias. Dejemos la conducta social en manos de la maquinaria propagandística, y cuando ya no les quede una sola neurona en el cerebro, invitémosles a que participen de nuestro ingenio artístico, como el amigable restaurador, ¡Hagamos de su entretenimiento la clave de nuestro éxito!
Cerca de la catedral, entre la facultad de Zacut y el Palacio de Escuelas, discurre en perpendicular una callejuela sombría que lleva por nombre “La latina”. Aunque resulte paradójico, son calles como “La latina” las que representan la verdadera esencia de la ciudad, pues como en todas las ciudades, lo que realmente las hace únicas no es aquello por lo que resultan famosas, sino al contrario, es lo que menos se conoce de ellas lo que las hace distintas de cualquier otra. Así, aunque la “La latina” sea una calle vulgar, sucia y ordinaria, es, en cualquier caso, lo más charro que pueda concebirse. Como es preciso que el lector profundice, que se aleje lo más que pueda de las aglomeraciones, donde abunda un turismo superficial y mediocre, le sugiero que visite conmigo “La latina”, donde seguro estoy que disfrutará del “entrañable” humor autóctono y del particular olor a meado que desprenden sus esquinas.
España es un país que se define por la dicotomía de sus ideas, quizás también de sus aspiraciones, y por eso, en España, siempre seremos moros o cristianos, de izquierdas o de derechas, de Madrid o de Barcelona y, por supuesto, elegiremos entre la cerveza Mahou o la Águila. En “La latina” también prevalece esta dicotomía, pues o es usted partidario del “Laso” o de “la taberna de Ángel”. No existe otra posibilidad. Sin embargo, aunque se trate de dos concepciones diferentes de abordar la existencia, el fin degenera siempre en un mismo propósito: emborracharse. Situados el uno frente al otro, siempre mediando sus fuerzas, en actitud desafiante, cómo si de un frente de batalla se tratara, ambos compiten por granjearse a la clientela que oscila entre aquella insólita “tierra de nadie”.
Puesto que el “Laso” tiene el privilegio de la antigüedad, ha conseguido del ayuntamiento un permiso para aumentar la capacidad de su terraza. Sin embargo, Héctor, el dueño del “Ángel”, solo cuenta con una pequeña mesa junto a la entrada, donde anima a su fiel clientela a permanecer de pie, en actitud de orgullo y dignidad, frente al aburrido sedentarismo de la competencia.
⸻¡Mi niño! ¿No crees tú ⸻decía mientras apuraba un cigarrillo⸻ que eso de sentarse es cosa de prvilegiaos…? Además, así no se me os apalancái… Que si no me tiro aquí tóel día macho… ¡No jodas!
Criado en “Buenos aires”, barrio periférico donde abundan los edificios grises y la basura, Héctor es un charro de toda la vida. A pesar de no ser originalmente gitano, tantos años de mimetización con su entorno lo habían transformado en uno de ellos. Lleva el pelo echado hacia atrás, a lo cepillo, dando la sensación de que hubiera envejecido prematuramente a causa de las canas. Sus ojos son de color melado, llegando a parecer totalmente amarillos cuando la luz del sol se reflejaba en ellos. También posee una sonrisa que inspira cierta maldad y cuando ríe deja entrever unos dientes insalubres y sucios. Por lo demás es una persona muy observadora, de carácter excéntrico, con un gusto insaciable por rodearse de los personajes más estrafalarios que frecuentan “La Latina”. Con los años esta inclinación se había arraigado profundamente en su espíritu, y decía sentirse humanista de los pies a la cabeza cuando afirmaba cosas del tipo:
⸻⸻Son el reflejo de esta sociedad hipócrita, por eso no debemos compadecernos… ¡No jodas! Tienen que formar parte de nosotros, convivir entre nosotros. En esto reside la inclusión social… ¿O no es eso mi niño?
Pero su humanismo no era únicamente teórico, todo lo que pensaba lo hacía corresponder con los hechos. Por eso, en un ataque de filantropía, decidió meterlos a trabajar en la taberna. Sin embargo, como a todos los grandes hombres les persiguen no pocos demonios, también a Héctor le perseguían los suyos, especialmente el de la avaricia, ya que nunca les pagaba un solo euro por el trabajo que hacían. ¡Pero no quiera el lector juzgar a nuestro filántropo por cuestiones tan frívolas!
⸻⸻¡Estos también quieren ser útiles a la sociedad! ¡No jodas! ⸻⸻comentaba a menudo Héctor cuando los clientes, un poco extrañados, descubrían asomar el hocico de un acondroplásico tras la barra del bar⸻⸻. ¡Este granujilla está aprendiendo el oficio! ¡Mira macho cómo tira las cañas manteniendo el equilibrio sobre el taburete! ¡Esto sí que es admirable! ¡No jodas! ⸻⸻decía riendo entre dientes, ostentando su descuidada dentadura y hundiendo las uñas en los hombros del exhausto acondroplásico.
Y cuando nadie prestaba atención, el humanista le susurraba al oído:
⸻⸻Ya sabes, pequeñín, luego te me escurres por debajo de la pila y le metes un buen fregado…
Pero el acondroplásico no es el único. También podemos sorprender a Rafita encargándose de pelar patatas en la maltrecha cocina. Rafita es un personaje frenético, incapaz de controlar los “Tics” nerviosos que le deforman la cara. Pero a pesar de este y algún que otro defectillo sin importancia, como, por ejemplo, el hecho de ser esquizofrénico, Rafita es una bellísima persona, capaz de entregarse a su labor con una voluntad de hierro.
⸻⸻¡Mi queridísimo amigo Héctor! ⸻⸻decía mientras se apartaba las gotas de sudor que le cubrían el rostro⸻⸻. ¡Cuatro! ¡Ya van cuatro sacos! ¿Voy a por otros cuatro?
⸻Sí majo. Pélate todo lo que queda en la alacena. Yo voy a tomar el aire que me aso…
⸻⸻¡En un momento! ⸻⸻empuñando el enorme cuchillo⸻⸻ ¡Mi queridísimo amigo!
⸻¡Oye Héctor! ⸻dijo Tano al verle aparecer por la puerta prendiéndose otro cigarrillo⸻. ¿Tendrás por ahí algún porrillo de esos? Mira a ver compadre, que el Antoñito se me está viniendo arriba con lo de su cuadro…
⸻⸻¡No jodas! ¿Otro…? Coño compadre. Está bien… pero a éste ⸻⸻dice señalando a Antoñito⸻⸻ ¡Ni una calada…! Y tú qué ⸻⸻sacando el polen y dirigiéndose a Antoñito⸻⸻ ¿Ya estás con lo del cuadro?
⸻⸻Sí compadre, y otra vez le he dicho que se lo cambio por un piti, pero no quiere el desalmao.
⸻⸻¡No jodas! Pero Antoñito….
⸻⸻¡Hombre! ¿es que tú has visto el cuadro mío de la cigüeña…? Y el estiráo éste, que dice que por un piti me lo cambia, ¡Vamos, no jodas!
Pero basta con que Tano se prenda el porro para que las ganas de reivindicar la cigüeña se ausenten del cerebro. Ahora solo existe esa liviana bailarina de humo que se eleva entre ambos. Bailarina que Antoñito contempla en silencio, a través de esos ojos pardos y melancólicos, que parecen dos velas fúnebres iluminando una calavera.
⸻⸻¡Qué no eres Picasso, Antoñito, no jodas! ⸻⸻le dice Héctor acercándole un rodillo⸻⸻ Mira compadre, te dejas de tanta cigüeña y me das una capa de pintura ¡que tengo esto que parece un agujero…! ¡No jodas!
A parte de ser el mejor cliente de la taberna, Tano es también el mayor ideólogo del “Ángel”. Personaje afín a Héctor que encuentra en lo descarriado una fuente de inspiración. A este respecto solía decir:
⸻⸻Solo en el espíritu andrajoso de una sociedad marginada reside la auténtica fuerza, solo ahí se nos muestra el ser humano tal como es, sin máscaras que traten de esconder su naturaleza.
Al contrario que en el “Ángel”, lo más desagradable del “Laso” según Tano reside en la falta de originalidad entre las gentes que lo visitan.
⸺⸺Míralos bien, compadre, ⸺⸺le decía a Héctor apostado como una hurraca junto a la mesa⸺⸺ no son más que tartufos de medio pelo, ¡vulgares comediantes que aún no han despertado de su ensueño larval! ¡Subproductos comerciales de “cultura urbana” reintroducidos en el sistema gracias a la diversificación!
A veces, alguno de esos “Punks” de la otra acera solía hacer algún comentario desacertado sobre la extraña forma de vestir de Tano (que según él era pura originalidad) y cuando notaba que los ojos de sus adversarios se clavaban como garfios incandescentes sobre su estrafalaria indumentaria, les atacaba exaltado en los siguientes términos:
⸺⸺Vosotros venís aquí embozados en vuestro rutilante caparazón de cucarachas, cuando en realidad la transgresión ha de llevarse por dentro. Os molesta que me presente aquí vestido así de forma tan elegante ⸺⸺les decía mientras señalaba su camisa negra con estampados de estrellas doradas (Tano confunde el ser elegante con ser un hortera)⸺⸺, y os molesta porque pertenecéis a la misma montaña de excrementos que aquellos que despreciáis.
Estas riñas con los del “Laso” rara vez se resolvían de forma pacífica, por el contrario, solían acabar con alguna cabeza abierta. Sin embargo, estas intrigas mantenían vivo el espíritu agitado de Tano, que disfrutaba de forma indescriptible con provocar a los provocadores. En cualquier caso, no son solo los autodenominados “Punks” con los que Tano acostumbra a discutir mayormente. También a “Jopipa”, que así le llaman por la forma con que mira de reojo, le está reservado este privilegio de eterna confrontación. Cuando era joven se doctoró en historia, pero su amor por el vino y otras sustancias le habían transformado en un chupóptero con todos los síntomas de un espíritu eremítico, que cuando se coloca en exceso se le pone cara de mejillón. Lo que más irrita a Tano es la apátrida neutralidad con que éste se pasea por la “Latina”, husmeando como nariz de perro, arrimándose a toda clase de conversación sin jamás decidirse por uno de los dos bandos. Pertenece a esta clase de personas que han optado por la tolerancia como única moral siempre y cuando todo de lo que se hable guarde relación con lo que él mismo defiende. Se declara acérrimo defensor de la igualdad de opiniones y de los valores cívicos. Siguiendo el rastro de la nubecilla de hachís, “Jopipa” se decantó por acercarse a Tano, al que interrumpió su discurso diciéndole:
⸺⸺Estás muy equivocado si piensas que la democratización de las redes ha traído consigo la destrucción de la cultura. Hoy en día todos sabemos, todos opinamos y eso nos enriquece… Lo que tu promueves es nihilismo, no renovación.
Pero según Tano, que se define como “nietzscheano” (aunque ello implica cierta contradicción) la igualdad solo puede existir entre los iguales, lo cual implica la jerarquización de las opiniones,
condenando absolutamente la forma en que la democracia ha permeado todos los ámbitos de la cultura. Por eso Tano dice que opinar es el arte que consiste en relativizarlo todo, donde los legados y las referencias parecen brillar por su ausencia y de ahí que la cultura social haya degenerado en cretinismo:
⸺⸺Hoy día no nos enriquecemos, asistimos a una prematura descomposición en todos los sectores artísticos. Lo que tú defiendes no es más que “ceporrismo ilustrado”, vosotros los “demócratas” adormecéis la cultura con somníferos de estupidez.
⸺⸺¡El arte no puede ir en contra de nuestros principios como sociedad! La democracia es un derecho, ¡Un derecho por encima de todo!
⸺⸺¡No hagáis caso a este soberbio imbécil! ⸺⸺decía Tano a sus amigos⸺⸺ ¡sus instintos han sido atrofiados! ¡pretende enfermar nuestro espíritu con ideas epilépticas! Tarántulas de esta calaña ya han lanzado su veneno en las redes sociales, nos quieren hacer buenos, nos quieren superficiales, quieren mitigar nuestra eterna rebeldía, ¡anular la libertad que únicamente conservan las almas malévolas! Pero yo digo ⸺⸺exclamaba ebrio de entusiasmo⸺⸺ ¡nosotros somos más fuertes! ¡más profundos! y, también… ¡hasta más hermosos!
A pesar de ser un borracho, Tano pensaba que decía cosas muy interesantes. Se veía así mismo como el foco eléctrico donde quedan carbonizados los mosquitos atraídos por su luz abrasadora. Pero sus mejores amigos, a pesar de que le apreciaban, también le consideraban un completo charlatán. No obstante, sería injusto negarle la gran facilidad que tiene para persuadir a la gente, lo cual le honra muchísimo. Lo cierto es que la popularidad de Tano reside en la habilidad con que maneja todo tipo de cuestiones a las que, por supuesto, pretende dar apariencia de discurso serio, pero que, en el fondo, reflejan un enraizado instinto de contrariar a los demás.
⸻⸻Si no paramos los pies a estas “hienas” ⸺⸺echando a un lado al estrábico⸺⸺ pronto se cernirá sobre nosotros la más terrible tiranía ¡la tiranía de los idiotas!
Pero, en cualquier caso, amigos o enemigos, debían admitir que las tertulias de Tano habían acabado por hacerse famosas, hecho que se reflejaba en la cantidad de gente que lograba congregar a las puertas del “Ángel”. Esta situación enfurecía a Sebastián, el dueño del “Laso”, que por más que había pagado al ayuntamiento por una terraza digna, la muy condenada nunca estaba llena.
Lo normal es que Tano se pase por la “Latina” a primera hora de la tarde. Caminando ligeramente encorvado, principalmente a causa de su altura, siempre con ojo avizor, escudriñando el entorno en busca de alguna presa fácil que pueda estrujar entre sus garras dialécticas. Pero por desgracia la calle no está muy transitada, con la llegada del buen tiempo la gente prefiere irse al Tormes, donde se tumban a la sombra del magnolio y hacen malabares hasta la llegada del crepúsculo. Solo personajes como Tano prefieren pasarla rodeados de cerveza, entre grises nubes de hachís y especulaciones metafísicas. Tampoco “Jopipa” se encuentra hoy con ganas de continuar la discusión. El apátrida decide probar suerte con los “punks”, y gorronearles calimocho hasta completar su metamorfosis de bivalvo. Se despidió de su rival lanzándole una mirada de compasión, a través de ese ojo que siempre parecía apuntar hacia cumbres más elevadas; y desapareció por la puerta del “Lapo”.
Exceptuando a Antoñito, y la interrumpida presencia de Héctor, pues un buen capitán siempre ha de poner orden entre su tripulación, especialmente cuando se deja en la cocina a un esquizofrénico con ciertas inclinaciones pirotécnicas; rodeando la mesa abarrotada de litronas y colillas mal apagadas, también se encuentran dos íntimos de Tano, Charlie y Cubillo. Esta circunstancia le desagrada notablemente, pues lamenta no tener sobre ellos el influjo de los primeros días. Charlie es un célebre poeta, sobre todo desde que ganó el premio “Carencias”, certamen de poesía con mucho prestigio. Es un hombre pequeño, aunque no tanto como el camarero acondroplásico del “Ángel”, al que apodaban el “chinche”. Su boca consiste en un agujero con forma de susto, que cuando habla emite un timbre particularmente agudo como si entre las cuerdas vocales le vibrara una corneta. Debido a la forma en que sobresalen sus ojos, que son como dos ciruelas maduras a punto de desprenderse, Tano suele referirse a él con cariño llamándole “sapito”. Pero no piense el lector que estas peculiaridades podían tener sobre Charlie cierto influjo negativo, más bien al contrario, pues con la innegable capacidad de reinvertirse así mismo, hacía que todas estas peculiaridades parecieran genuinas cuando las convertía en la causa que alentaba sus poemas. Por su parte, Cubillo, es un personaje dotado de una sabiduría infinita, algo de lo que Tano siempre sacaba partido, pues cuando éste se hallaba en algún apuro, especialmente cuando olvidaba palabras raras como “arcabuz”, inmediatamente le llamaba por teléfono como si acudiera ante la más completa de las enciclopedias. Cubillo siempre fuma en pipa, rasgo que él identifica con tener clase, sobre todo cuando los cigarrillos electrónicos comenzaron a ponerse de moda. A consecuencia de ello posé una voz grave, profunda, como si cada vez que hablara lo hiciera desde el fondo de una caverna. Físicamente recuerda a un celta, con su tez pálida y los ojos intensamente azules. De niño su madre le llamaba “querubín” debido a los bucles dorados que le colgaban de la cabeza, pero al alcanzar la edad madura, algo que sucedió en torno a los doce años, los bucles parecían habérsele avenido al mentón, el cual lo cubría una barba densa, hirsuta y salpicada por matices pelirrojos.
Nuestros héroes están un poco excitados, esta misma tarde asistirán en compañía de la hermosa Clarí a “Stadt-Galeri”, famosa sala de exposiciones en la que tendrá lugar la presentación de la última obra de “E-loy”. A causa de este evento han decidido tomarse la molestia de emborracharse, algo que resulta muy saludable antes de visitar inauguraciones de tal calibre. Pero Clarí se está retrasando, y mientras se la espera, la cosa ha devenido en una acalorada discusión.
⸻¡Vamo a vé! ¡hiup! Yo te digo que, como poeta, cosa que no temo admití, pó, así me lo atestigua mi premio “Carencia”, no se pué hacé bien un arte si no se é embustero. El arte é vanidá, pura y simple vanidá… ¡hiup!
⸻¡Borracho! ⸻le increpó Cubillo a “sapito”⸻. Deja ya de beber que se te nubla el cerebro. Os lo digo enserio, no voy a dejar que entréis en este estado en la cripta. “E-loy” es un tipo serio, con mucho talento, por cierto, y por nada del mundo voy a permitir que arruinéis su día. Que vosotros no estéis a la altura de los tiempos no quiere decir que os creáis en el derecho de vejar de esta manera a un artista como “E-loy”.
⸻⸻¡El heredéo del guarjól! ¡hiup! ¿Y qué si etoy borracho…? ¡Qué clase de poeta é el que no bebe un trago! ¡hiup!
⸻⸻Conozco a “E-loy” desde el bachillerato, donde ya era toda una celebridad en Pozuela… Vale que su forma de hacer arte sea un tanto novedosa, pero no por eso puede llamársele vanidad. La vanidad es lo que hacéis vosotros, pasar aquí todo el día, soñando como adolescentes que mojan sus primeras bragas…. ⸻⸻amenazando a Charlie con el dedo⸻⸻ ¡Bruto! ¡Qué eres un bruto! ¡O dejas de beber o no entras a la exposición!
⸻⸻¡Cállate barbas! ¡Claro que estoy borracho! ¡hiup! ⸻⸻dando unas chupadas al cigarrillo⸻⸻ Estar borracho é una virtú en el artihta, porque el arte é vanidá… y también embuhsté. El “E-loy” ese… ¡hiup…!
⸻¡Pues eso es mi cigüeña, macho! ⸻interrumpió Antoñito locuazmente sin dejarle acabar la frase⸻ Lo que dice este. El embuste total refleja mi cuadro… ¡hombre, no jodas!
⸻⸻No me extraña que para ti el arte sea una cuestión de vanidad ⸻⸻virándose hacia Tano al que le guiña un ojo buscando su complicidad⸻⸻. Como si el premio ese que te dieron no viniera como anillo al dedo a tu estúpida teoría ⸻⸻echando el humo de cigarro hacia arriba, en ademán arrogante⸻⸻ ¿cómo era esa poesía tuya…? ¡Ah sí! Ya me acuerdo…
⸻⸻¡Un punto! ⸻⸻le interrumpió Charlie brincando de entusiasmo⸻⸻ ¡Un punto! Porque tó poema no é má que una pausa… ¡hiup! Una pausa breve en tó el latí del universo.
⸻⸻Lo mismo en un cuadro que en un poema, que en apariencia puede resultar terriblemente vanidoso, de lo que se trata es de descifrar su mensaje oculto. Porque todo artista quiere trasmitir, y el material que emplea es solo un medio bajo el que se revela algo mucho más profundo. El arte nos es vanidad, ni debemos consentir que un día lo sea, por eso, Cubillo ⸻⸻le dice Tano hincando un codo en las costillas a su buen amigo⸻⸻ creo que tu estimado“E-loy” no es más que un sinvergüenza, pues su arte no es solo execrable desde todos los ángulos bajo los que se quiera contemplar, es que encima está vacío, tan vacío como el cerebro de esos miserables gusanos que le colman de elogios por cada idiotez que se inventa. Ese “E-loy” es como dice “Sapito”, un auténtico embustero, y libre es de reírse de quien le plazca, yo también lo hago, pero que luego no se quejen de que a día de hoy todo puede ser arte, porque así está plagado el mundo de mediocres.
⸻⸻¡Ya! A ti lo que te pasa es que te puede la envidia… ¿Cuántos de tus escritos han sido tenidos en cuenta? Yo te lo diré ⸻⸻haciendo un cero con los dedos⸻⸻ ¡Todos estos! Te recuerdo que tu autocomplaciente romanticismo hace tiempo que está enterrado, ¡Oh, sí! Tan enterrado como esa jerga con la que te gusta expresarte. ¿Crees que eso llama la atención? ¿Lo crees? No me hagas reír… Yo estoy con “Jopipa”, la ilustración ha derrocado por siempre a tu monismo filosófico, la vieja aristocracia ha desaparecido, hoy somos más lúcidos porque las herramientas las tenemos nosotros… ¿No es algo de lo que deberíamos enorgullecernos? Además… tú… ¡Siempre negando! ¡Siempre! Y en el fondo es tan simple… ¡Todo es tan simple!
⸻⸻¡Tambié etá celoso! ⸻⸻exclamó “sapito” con sus ojos vidriosos e hinchados de cerveza.
⸻⸻¿Yo celoso? Celoso de ese… ¡Histriónico narcisista!
Pero claro que estaba celoso, solo de pensar en que Clarí, esa inigualable mujer, anduviera prendida de aquel artista, le hacía hervir la sangre con una ferocidad sin precedentes. ¡Ay, el amor! Con que maldad tiende sus tentáculos sobre un corazón solitario como el de Tano, cómo quebrantaba su tranquilidad, con qué facilidad vacilaban sus fundamentos filosóficos más arraigados cuando notaba próximos aquellos labios rojos y maravillosamente sugerentes de Clarí. Un hombre tan seguro como Tano llegaba a sentirse avergonzado, incluso ridículo, pues ¿existe acaso algo más ridículo que el amor no correspondido? ¿Por qué un sentimiento de tal naturaleza podía ejercer sobre su alma sensaciones tan contradictorias? ¿La amaba? ¡Oh, claro que la amaba! Amaba esos ojos grandes y negros como el alabastro, que brillaban como estrellas incandescentes en la noche más oscura. ¡Cuánta claridad inspiraba en su alma aquellos ojos! Pero en que mar de turbulencia le sumían cuando no los tenía cerca. Aún recordaba Tano la forma en que ese sentimiento se apoderó de su alma, convirtiéndolo en el esclavo de su adoración, instalándose en lo más profundo de sus ventrículos cardiacos. Como lamentaba Tano la imprudencia que había cometido, ¿pero acaso era libre de haberse enamorado? ¿con qué derecho enraizaba ese sentimiento en su pacífico espíritu si después le iba a ser arrancado de la forma más cruel que pueda imaginarse, por obra de un artista como “E-loy”? Lo cierto es que para enigmas de este calibre ni siquiera Ortega tiene una respuesta definitiva. Hubo un tiempo en que Clarí parecía ceder a este impulso, o al menos así lo creía Tano, cuando un día, bajo la luz purísima de un supermercado, ella misma confesó a una de sus amigas que Tano le parecía guapo. Pero esa ilusión duró poco más que un instante, poco más que el punto de la poesía que ganó el célebre premio “Carencias”. El corazón de Clarí estaba muy bien resguardado, tras un muro que recordaba a la firme Troya y que solo lograría ceder al ingenio casi diabólico de un brujo como “E-loy”. Fue aquel día imborrable cuando, sentados ambos sobre las mohosas escaleras de la pontificia, sorprendió Tano a los dos enamorados. El monstruo le rodeaba la cintura, mientras que con la otra mano pasaba las páginas de su libreta seduciendo aquellos ojos brillantes, que se entornaban sobre el papel con la gracia de una cierva en celo. En este instante sintió como se le paraba el corazón, igual que si un relámpago le hubiera atravesado el pecho, siéndole imposible apartar la mirada de aquella visión destructora e infeliz que le hacía el alma añicos y le carbonizaba los nervios.
⸻¡Pero esta mujer! Siempre hay que esperarla ⸻dijo Cubillo consultando su reloj⸻ se hace tarde y “E-loy” debe estar impaciente, seguro que nos está buscando entre la multitud.

⸻⸻¿Pero es qué irá mucha gente? ⸻⸻. Preguntó Charlie mirando a sus amigos con esos ojos de renacuajo estrangulado.
⸻⸻Claro, estúpido, ¿no te he dicho que es su último trabajo? Mucha gente está intrigada con su nuevo proyecto: “La transneometapoesis”.
⸻⸻¡Lo que hay que oír, joder! Esto va a ser como cuando asistimos a la lectura de los poemas de ese tal… ¡Ah, de tan malo que era ni me acuerdo!
⸻⸻Te refieres a ese que llenó el club y vendió todos sus libros… ¡Oh, fue sensacional! Si, cómo se llamaba… ⸻⸻acariciándose el mentón barbudo⸻⸻ Sí, hombre… ya me acuerdo, “Algeet”.
A lo que Tano responde:
⸺⸺Esto es lo único reconfortante de la época en que vivimos. Sus frutos ya están podridos antes de caer al suelo. ¿Quién recordará uno solo de sus versos? Todos ellos piensan que perdurarán, pero lo harán poco menos que el segundo de gloria en que posaron para la contraportada de sus libros.
Sapito y Tano comienzan a troncharse de la risa.
⸻⸻¡Al fin llega! ¡Clarí! ⸺⸺.Dijo Cubillo alzando la mano.
Bajo la luz aterciopelada del crepúsculo, nuestros héroes se giran hacia Clarí que se aproxima desde la esquina. De veras que es hermosa esta criatura, con qué elegancia hace acto de presencia en la calle de los locos y los borrachos, cómo se adhieren perfectas sus carnes bajo el fino vestido que las envuelve haciéndola tan deseable. Es una mujer increíble, sus labios rojos brillan desde el final de la calle, al igual que sus ojos, que parecen relámpagos de lujuria contenida. Su piel blanca como el nácar, suave, sedosa como su vestido. Los matices dorados de su cabello acariciado por la luz del ocaso, cayéndole en bucles como una cascada sobre los hombros. El corazón de nuestros Héroes se remueve en el pecho contemplándola y sus pulmones se hinchan para embriagarse del fresco perfume que desprende según se acerca al cementerio de colillas. Les besa y saluda con su dulce voz, tan encantadora, tan femenina que prefieren estar en silencio tan solo por el gusto de oírla. Tano se inclina y espera recibir ese beso de la mujer que idolatra, un beso que siente pronto arder en la mejilla, un beso fugaz pero suficientemente poderoso como para evaporar todo el veneno que le carcome el alma y sucumbir de nuevo al encanto persuasivo de esa belleza mortal que le trastorna.
⸻⸻¿Cómo están mis bohemios preferidos? ⸻⸻con un Vouque entre los labios y sacando un panfleto del bolso⸻⸻. Escuchad esto queridos, os leo: “Además de la fabulosa colección que nos brinda nuestro querido artista Pucelano, los responsables de esta inauguración no quisieran privar a nuestros respetables invitados de una buena copa de nuestro mejor champán, “la Uva del norte”, que ofrece de forma gratuita la propia marca. Sobre las ofertas de nuestros productos podrán encontrar los interesados toda la información en…” ¡Chicos, bebida gratis! ¿No es fantástico?
⸻⸻¡Olé, eso sí que eh interesante!
⸻⸻Lo interesante es que no probarás una sola copa, no pienso dejar que bebas más. ¡Ay que fastidiarse! Cómo aprovechan esos lagartos para…
⸻⸻Claro, seguro que a tu amigo “E-loy” no le hace ninguna gracia que el éxito de su obra dependa de esos lagartos comerciales… ¡El gran “E-loy”! ⸻⸻dice Tano exhalando una nube de Hachís⸻⸻ ¿venderse a una marca de Champán? ¡Jamás! ⸻⸻riéndose con sapito⸻⸻ ¿Verdad Cubillo? ¡Faltaría más! Con el talento que tiene… ¡El mundo adora sus cuadros!
⸻⸻¡Sobre tó el mundino del champá! ¡hiup!
Más risas entre ambos.
⸻¡Bueno, ya está! ⸻Dijo Clarí apagando su Vouqué⸻-. Dejad vuestras diferencias estéticas para después, yo sí que estoy deseando beber champán… ¡Este lugar apesta! ¿Nos vamos?
Antes de abandonar la taberna, Tano le cedió lo que quedaba de chusta a Antoñito. Gesto que hizo por consideración, pues tan pronto como nuestros héroes se despidieron del humanista, éste, rodillo en mano, arrastró a aquel a las entrañas del tabernáculo diciéndole:
⸻⸻¡Qué no fumes mi niño, que se te desordena la cabeza ¡No jodas! ¿Tú quieres ser pintor? ¡Pues vamos, majo, que por algo se empieza Antoñito!

 

 

IRINEO LEONEL

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