3. LA PARTE DE LAS TRIBUS

 

Dos jóvenes “estudiantas” examinan al milímetro esta pérfida creación. En la camiseta de una de ellas se puede leer: “si nos organizamos los matamos a todos”, aunque ambas se declaran férreas enemigas del Patriarcado falocentrista hetereodesignador. La lucha sin precedentes de estas pitonisas de la igualdad se extiende desde la gramática hasta la higiene personal. Especialmente en lo que toca a esta última, habían trascendido la propia naturaleza homogenizando las diferencias entre las mujeres y los monos. Durante años se habían dejado crecer el entrecejo, a pesar de que jamás se mostraba lo suficientemente visible. Lo mismo hacían con el escaso bello rubio y casi imperceptible de la cara, que afeitaban hasta cuatro veces al día para que creciera negro e hirsuto. A consecuencia de que los desmesurados esfuerzos por instaurar este nuevo canon de belleza (alejado de las pretensiones “cosificistas”) resultaban prácticamente nulos, habían convenido en que lo más fácil sería optar por pintárselo ellas mismas. Husmeando como un roedor endemoniado, acercando el hocico al falo de terracota cual si fuera un pedazo de queso, exclama una de ellas:

⸺⸺¡Ahg, aquí huele a machismo!

⸺⸺Tambié a chooto me huele a mí… ¡hiup!

⸺⸺.Susurró⸺⸺¿Qué me dices de los colores? ¡También los encuentro machistas!

⸺⸺¿Y el techo? El techo de la cripta también es obra del hetereopatriarcado capitalista…

⸺⸺¡Techa! ¡Mejor di techa! Tú eres una mujer libre…⸺⸺Si, soy una mujer libre.

⸺⸺No me gustan estas esculturas, me hace pensar en los hombres con miembro y todos los hombres con miembro son unos machistas.

⸺⸺Me siento oprimida, ¿y tú?

⸺⸺¡Sienta! ¡Mejor di sienta!

⸺⸺Tienes razón… ¡Soy una mujer libre! Ha llegado la hora de que pongamos fin a esta injusticia ⸺⸺sacando un “Iphone X”⸺⸺. ¡Que todo la munda sepa lo que pensamas de esta obra machista!

Los dedos de la mujer libre comenzaron a teclear la pantalla con furor apocalíptico, con devastación bíblica. En ese momento, sin prestar atención a las esculturas, con las mejillas sonrosadas, Clarí atraviesa la escena rozando con sus caderas sutilmente a Tano, que la sigue con la mirada hasta la sección fotográfica. Antes de desaparecer entre la multitud, se vuelve una vez más hacia él y entorna esos ojos vivos y chispeantes, encendidos por el deseo afrodisiaco que despierta el champán en las mujeres. Como muchas veces había notado, la forma en que ella entornaba los ojos era sin lugar a dudas algo que ya tenía muy practicado, recurso infalible que empleaba al entrar en cualquier lugar público y hacer valer su presencia. La caprichosa mano de la naturaleza ha establecido que este sea uno de los puntos fuertes de la seducción femenina, algo que a Tano le resultaba semejante a un jeroglífico, donde lo indecible, o al menos, lo que se dice sin palabras, llegaba a ser tan evidente que él nunca se percataba de lo que significaban aquellas miradas. Pero ese poderoso magnetismo que suscitaba la mirada de Clarí había terminado por causar serios estragos en su inconsciente. A veces era como si una tormenta voluptuosa le acosara en medio de las noches casi veraniegas de mayo, cuando cubierto por las sábanas empapadas de sudor, despertaba aullando: ¡Clarí! ¡Clarí! ¡Clarí! hasta que sentía resbalar entre los dedos el cálido arsénico de sus sueños lujuriosos. En aquellos instantes ¡bien podía tragarse el mundo los embustes y las mentiras de aquellos “Anhelos del ser anónimo”! ¡Qué pusilánimes se volvían ahora todas las cuestiones filosóficas! ¿Qué tipo de privilegio habría de encontrar en la soledad, si a lo que verdaderamente aspiraba era a dormir acompañado?

No obstante, algo tuvo que distraerle de estas cavilaciones. El desafortunado comentario de una de las mujeres libres sobre Clarí, que se restregaba los ojos sin dar crédito de lo que había presenciado (como si la atracción sexual fuera antes la causa de una horrible pesadilla que uno de los principios de conducta social que mejor definen la realidad cotidiana) recordó a nuestro “Caballero de la Triste Figura” que no vino al mundo sino a amparar al menesteroso y huérfano de filosofía, aunque fuese a base de insultos:

⸺⸺El espíritu de la libertad es incompatible con una moral de tantos rostros como el monstruo de Lerna. Lamento en el alma tener que oír vuestros discursos seniles en los que se abusa de una filosofía tan anémica como poco rigurosa, pues os mueve únicamente el resentimiento abisal que sentís por vosotras mismas. La poca sobriedad con que dilucidáis en tales materias os hace pensar que vuestro enemigo está en todas partes, y de las miles de injusticias que se cometen en todo el mundo, fabricáis la “amarga” ambrosía con que se alimenta el odio de vuestros corazones. Quién sabe, amigas mías, si en el fondo es la disconformidad en el ADN de vuestros cromosomas lo que justifica la falta de adaptación en tan corrompida naturaleza… Pensáis que habéis vencido al execrable catolicismo, cuando realmente adornáis con otras palabras el mismo discurso ⸺⸺señalándolas de forma inquisitoria⸺⸺. Vosotras mismas sabéis que ese discurso está revestido por las mismas espinas venenosas, y en la imposibilidad de confirmar tales ideas, os condenáis a zumbar como moscas por el agujero de la nada… ¡Pero yo os reto, Gorgonas, a que me digáis cuanto tiempo pierden las mujeres seguras de sí mismas en escuchar semejantes nimiedades y decapitaros con su indiferencia!

Sin estar seguro de haber comprendido una sola palabra, sapito, que era más propenso a la poesía rústica, como la de los pastores de su tierra, mucho más gutural y mundana que la filosofía de su amigo, imprecó:

⸺⸺¡Fusca! ¡Fusca pahí, bicharracos! ¡Que a puntino estoy de sacarme la garrota eh! ⸺⸺palpándose el paquete⸺⸺. Que si anadaríais por mi pueblo… ¡ahh! ¡Que se uh molía a palos como a oveja malcriá…!

⸺⸺¡Farichulo! ¡machista del infierno! ⸺⸺. Le grita la del “Iphone X”.

⸺⸺¡Qué dice el megalófalo este! ⸺⸺dirigiéndose a la otra⸺⸺. ¡Vámanas antes de que nas violen!

⸺⸺¡Primero me chusco a una cabra, eh! ¡A la pahí! ¡uh!

Ante semejante manifestación de hombría, nuestras mujeres libres se acongojan y se resguardan junto a los de “la utópica pradera”, que las reciben con los brazos abiertos como si fueran animales u hortalizas.

Nuestros héroes se dirigen ahora a la última sección de “Stadt-Galeri”. La exposición fotográfica de la transneometapoesis roza ya lo inefable. Un díptico compuesto por muchas fotografías que el artista se había tomado así mismo de perfil abre la colección. Cada retrato tiene una tonalidad distinta según el filtro empleado. Este “colash” de megalomanía consumada se titula “Genealogía de un artista”.

Varios hípsters contemplan la obra. Uno de ellos pertenece a esta clase de individuos a los que parece importarle un comino los cambios meteorológicos: haga el clima que haga le encontraremos siempre tapado con su gorrito, aunque las temperaturas superen los treinta grados. Otros de los rasgos que más caracteriza a estos seres es su pasión por lo anacrónico y obsoleto de los años cincuenta, una estética a la que debemos restar la escasa originalidad de lo que se repite. A parte del gorro, acostumbran a portar enormes gafas que les surcan la totalidad de la frente, gafas que en su mayoría no necesitan, y que les confiere cierto aire de intelectual pasivo.

El parásito matraz, la reina madre de los hípsters, tuvo su origen en algún club clandestino donde se escuchaba hot-jazz. Como toda tribu urbana, nació de la protesta encarnecida contra los valores hipócritas y conservadores de la clase media. Algunos de ellos tuvieron suerte como artistas, otros simplemente como yonquis, pero tanto unos como otros manifestaban su rebeldía consumiendo LSD, marihuana o heroína. La reina madre se murió de sobredosis en algún tugurio de mala muerte, pero sus larvas prosperaron. Como la honda distorsionada que se dibuja tras arrojar una piedra al estanque, así pasaron los hípsters del host-jazz a la música Indie, que quiere decir independiente, alternativo, subnormal.

Lo cierto es que algo de originalidad debían de tener los pobres, y nada define mejor su condición, que esta suerte de independencia alternativa reabsorbida mil veces por lo comercial. Tano los llama “Vástagos de la imbecilidad suprema”, sin embargo, el desprecio que siente por ellos no tenía equivalencia con el de los “Punks”, los de la “Paradera utópica”, o “las feministas”. El desprecio por estos últimos lo respaldan sólidos principios filosóficos, pero en el caso de los “Hípster” la cuestión resulta mucho más banal. Con diecinueve años encontró un manuscrito que rezaba: “Apología del bigote”. Cuando leyó el manuscrito una idea vino a iluminarle los sentidos: debía restaurar de la pasada aristocracia francesa ese código subliminal entre los “cunnilingus”. Se convenció de que el bigote era cosa sublime, de que llamaría la atención de todas las mujeres. Aunque su bigote apenas era floreciente por aquella época, causó sensación entre sus semejantes, y por algún designio que él nunca llego a comprender, en pocas semanas las calles se cubrieron de bigotes, bigotes con personalidad, frondosos, extravagantes. Por todos los rincones se escuchaba decir que una nueva tribu había nacido y que esa tribu, los hípsters, llevaban bigote. Desde entonces Tano sentía auténtica abominación:

⸺¡Mal nacidos! ¡Ladrones! ⸺.Profería para sus adentros aún a sabiendas de haber sido derrotado.

Pero sus amigos, que siempre la vacilaban con el tema del bigote, le decían:

⸺⸺¡Tío, aféitate ese bigote de julai! que encima no te sale casi nada…

⸺⸺Pues ahora que llevas ese bigotillo ⸺⸺palmeándole la espalda⸺⸺ ¡te pareces a un Hípster y todo!

Esta última comparación le hacía rechinar los dientes como un demonio, y agarrando su Nokia de “hacía más de diez años”, arremetía contra todos diciendo:

⸺⸺¡A ver, intelectus! ¡¿Qué hípster de mierda va usar este móvil?!

Pero de eso hacía ya tiempo, ahora luce con orgullo su bigote, más poblado, más amarillo y puntiagudo como fibras de cepillo. También ostenta sin disimulo su distinguida camisa color negro con estampados dorados, herencia de su padre, al que considera el hombre más estiloso del planeta. Acompañado de su inseparable escudero, pasa apretando los puños entre aquel fermento humano de camisas a cuadros, pantalones pitillo y barbas kilométricas (ahora preferían la barba). Entre ellos se escucha decir:

⸺⸺¡Qué curioso Huan! ⸺⸺refiriéndose a “Genealogía de un artista”⸺⸺ esto es como mi álbum de Instagram “Selfis cuatro estaciones”.

⸺⸺¡Estás hecho un Influencer! ⸺⸺. Corroboró Huan.

⸺⸺Deberías Twitear esto, seguro que consigues más follower ⸺⸺. Apuntó un tercero.

⸺⸺¡Pierdes el tiempo! ⸺⸺dijo un cuarto con una barba que rebosa enmarañada como un estropajo⸺⸺. ¡Jamás tendrás tantos Likes como en mi Blog “barbas del elixir”. Solo los hombres con barba tienen éxito, solo nosotros podemos recenar

⸺⸺¿Recenar? ⸺⸺. Pregunta intrigado el de los selfis.

Con una sonrisa de oreja a oreja, que deja entrever unos dientes como perlas entre su barba negra, responde:

⸺⸺Recenar, claro. ¿Para qué creías que llevo yo esta barba? Muchos trozos de comida suelen quedar atrapados entre estos pelos ⸺⸺haciendo alarde de su melena facial⸺⸺ y cuando estoy hambriento… ¡Saco la lengua y los atrapo!

Dejando atrás a los alternativos, a la idiotez personificada, nuestros héroes se topan con “Paisajes artificiales”. La obra comprende una serie de fotografías que retratan con exactitud, a juicio del artista, lo que en el fondo son las ciudades: bloques sombríos, contenedores de basura, carreteras mal asfaltadas, coches aparcados, semáforos, aceras desbrozadas, bancos rotos, calles sucias y solitarias, viejas fábricas etc. Lo que pretende el artista es descifrar los elementos clave que constituyen la estética urbanita, la ciudad que hay en todas las ciudades. La que más llama la atención de nuestros héroes es una que muestra a un vagabundo envuelto en cartones, aferrándose desesperadamente a las últimas gotas del tetrabrik que le procura el olvido de sus días. La luz de una farola incide sobre el borracho clarificándolo, como queriéndole abducir y, si acaso, salvarle. En la nota de la derecha se puede leer la siguiente aclaración: La otra faceta de la ciudad, la menos luminosa y la más auténtica. Esta imagen conmueve por unos instantes a nuestro héroe, que la devora con sus ojos verdes como aceitunas tostadas bajo el sol de su tierra. Sin embargo, cuando se percata del precio da un salto hacia atrás y exclama:

⸺⸺¡Por las puñaladas de Viriato! ¡qué ingenuo soy! ⸺⸺buscando la atención de su escudero⸺⸺. ¡Nueve mil euros! ¡Así de humilde es el judío!

Pero a Sapito le ha venido a la memoria uno de sus más hermosos poemas, canturreando, le responde:

⸺⸺¡Tomaste por luna, borrachí, la lú de un candí!

⸺¡Qué engaño y qué crimen! ¡Bajo que sucio pretexto consigue suscitar este hombre sentimientos de los que posteriormente extraerá un beneficio! ⸺tirando de los pelos a su amigo⸺ ¡Sapito, olvida ya eso…! ¡escúchame! El afecto y la compasión no nos son naturales, lo han inventado los artistas, los comediantes, los católicos, todos los que quieren vendernos su mentira… Cuando el arte se emplea para servir a la sociedad ya no es más que propaganda, cuando quiere concienciarnos… ¡zas! ⸺golpeando a sapito en la cabeza⸺. Entonces descubrimos cuál es el verdadero propósito de esas inyecciones de misericordia, ¡cuanta ambición hay en este proyecto maquiavélico!

Continuando la serie de “Paisajes artificiales” nuestros héroes se detienen ante “Expulsado del Edén”. La imagen muestra a “Calipso y Melibea”, uno de los parques más emblemáticos de la ciudad, y nos lo presenta descarnado, a flor de piel, con todo el hervidero insoportable de las hordas de turistas que invaden la ciudad. La nota dice: Lo hermoso de la ciudad siempre es arrasado por la peste, pero es la ciudad la que se alimenta de ella. Su crítica al turismo masivo cuesta quince mil euros.

A la derecha descubren “Botellón ilegítimo”, fotografía insolente que difama una de las tradiciones más populares de la cultura charra, “El lunes de aguas”. En sus orígenes, esta fiesta marcaba el fin de los severos ritos de recogimiento que exigía de sus devotos la paródica religión, una ruptura simbólica del duelo penitencial propio de la semana santa. Con el tiempo desembocó en auténticas fiestas bacanales, putiferio y lujuria que desafiaban al orden moral impuesto en la aclamada ciudad de la meseta, referencia luminaria del cristianismo europeo. En la actualidad los estudiantes continúan esta tradición con no menos entusiasmo que sus predecesores, abarrotando los márgenes del Tormes, especialmente bajo el puente romano, donde beben, cantan, ríen y lloran hasta desmayarse. Toneladas de basura, bolsas de plástico y botellas de vidrio son el resultado de esta fiesta mefistofélica de desenfreno que con gran expectación aguardan los estudiantes cada año, y tras la cual, cuando uno pasea entre aquellos restos de humanidad degradada, da la sensación de atravesar un verdadero campo de batalla. En cualquier caso, la tremenda recogida de porquería ofrece cada año nuevos puestos de trabajo, por lo que podemos admitir sin temor aquel refrán popular que reza “no existe mal que por bien no venga”. Como explicaba Tano en sus sonadas tertulias del Ángel:

⸺⸺No es difícil convencerse de que el funcionamiento de la sociedad, la supuesta armonía de sus partes, solo puede ocasionarla la confrontación, que, al mismo tiempo, hace que sus fuerzas opuestas se equilibren de forma recíproca. ¿Qué harían nuestros serviciales barrenderos si no hubiera gente como nosotros que se dedicara a desparramar basura por las calles? ¿Qué negocio habría en las compañías de seguros sin el indispensable servicio de los estafadores? ¿De qué comería un policía si los delincuentes no se saltaran la ley? Ya lo formuló Heráclito: “La discordia es la madre de todas las cosas”.

En primer plano la fotografía representa los destrozos del botellón bajo la sombra que proyecta el puente romano al atardecer. El artista hace hincapié en como queda la tierra removida y teñida del vino barato y rojo como mercromina pegajosa. También se nos muestran las botellas de vidrio enterradas hasta el cuello que rutilan bajo el amparo lejano y cálido de los rayos del crepúsculo. Al fondo se vislumbran las bolsas de plástico flotando en las aguas del Tormes como cadáveres hinchados que se lleva la corriente. Pero destacando sobre todas las cosas la imagen se concentra en la balsa de plástico y basura tripulada por el gran “Nutria” y su hueste del GLM (grupo de liberación de montaña) que cruza la orilla del río en actitud hazañosa. Solo el artista ha sabido retratar con exactitud esta proeza de incalculable concienciación, pues los periódicos locales tan solo hablaron de ella como un fenómeno más de diversión entre los jóvenes. Pero el mensaje ecologista iba mucho más allá, ya que con tal hazaña se quería denunciar el consumo innecesario del plástico y las posibilidades que de él puede obtener el reciclaje.

El centro de operaciones del GLM se encuentra por excelencia en el “Rocódromo”, aunque también operan desde la “Perrera”, en barrio oeste. Muchos de sus colaboradores lo hacen desde asociaciones clandestinas como “El trece monos”, “Al margen” y el garito “Rastrel”. Desde estos puntos estratégicos llevan corrompiendo estudiantes desde hace décadas, mostrándoles el camino del virtuosismo vegano y las costumbres antimaterialistas y anticonsumistas que entre ellos practican. Puede decirse que los miembros del GLM constituyen la auténtica sangre azul de toda utopía de pradera. Como muchas de sus incursiones rozan la ilegalidad, se apodan entre ellos empleando nombres clave que casi siempre son de algún animal. Su líder, “El Nutria”, es un personaje que cabalga entre la realidad y el mito. Acaecido de las lejanas tierras vizcaínas llegó a Salamanca con el propósito de montar un caserío, pero su doctorado en farmacia y su formación en derecho por la UNED le convencieron de que lo mejor sería establecer en la meseta un centro de resistencia anarquista y vegana. La adoración y la gloria de la que gozaba entre sus seguidores no era poco merecida, se trataba de un auténtico revolucionario que soñaba con el apocalipsis carnívoro. La leyenda contaba que, en una de sus misiones al alto Pirineo, con el objeto de rescatar a una cría de cabra montesa atrapada en una red de plástico, había sobrevivido durante unas horas a base de arroz y dátiles, soportando las bajas temperaturas y obligado a convivir entre hambrientos lobos de los que aseguraba haberse hecho íntimo amigo. Por las noches dormía dentro de una furgoneta y durante los días festivos impartía clases de conducta animal en los comedores, talleres, charlas y encuentros que concertaban los veganos de “Villa fría”. La idea de que el capitalismo provocaría de forma inminente un colapso medioambiental le hacía llevar una forma de vida muy rudimentaria. Como Diógenes, se desprendía de todo aquello que no le fuera estrictamente necesario para la subsistencia. Así mismo renegaba del alcohol y otros estupefacientes que privaban al organismo de llevar una vida sana y equilibrada, e igual de perseverante se mostraba con el yoga y otras disciplinas deportivas que según él le ayudaban a mantener despejada la cabeza al mismo tiempo que garantizaban una estupenda condición física. Sus ideas anarquistas defendían por encima de todo el amor libre, pero ni con estas lograba ganarse el favor de sus discípulas, que, por norma general, a pesar de ir muy mal vestidas y tener el pelo embadurnado de piojos, jamás se mostraban generosas. La misma suerte corría cuando se daban las fiestas clandestinas del ATP (Acid Test Project) donde lo normal era que todo el mundo pillara cacho en tanto que se dejasen llevar por los devenires de la crápula. Durante aquellas noches solía meditar en silencio resguardado en algún rincón oscuro del tugurio, observando con maledicencia los efectos del trance sobre sus congéneres y resuelto a declarar el sexo práctica prohibida dentro del reglamento vegano-revolucionario-anarquista (VRA). Dicha restricción le aproximó de forma accidental al elenco feminista de la organización, que consideraba el sexo con penetración el principal símbolo esclavista de la sociedad heteropatriarcal. Gracias a esta iniciativa gozaba de gran reputación entre las feministas, que le consideraban eunuco de nacimiento. En lo que respecta a cómo conseguía captar miembros para la secta, su Modus operandi era siempre el mismo, cada año se apostaba en las proximidades de alguna de las residencias de estudiantes o a las mismas puertas de la universidad, allí repartía panfletos o pegaba pegatinas de carácter antitaurino en las que siempre instaba a sus ilustradores a ser lo más virulentos y explícitos posibles, para que el maltrato animal despertara el odio y los instintos más atroces entre los miembros potenciales del VRA. Si dicho proceder no funcionaba optaba por la acción directa, que consistía en atraparlos con una red igual que si fueran perros callejeros. Una vez los tenía en su poder practicaba con ellos la hipnosis y de esta forma se garantizaba su absoluta fidelidad. Para mantenerlos contentos organizaba todos los miércoles un comedor vegano en la “Perrera” y allí los alimentaba de seitán, soja texturizada y otras muchas delicatesen veganas. El precio del comedor era la voluntad del practicante, por este motivo, el escéptico de Tano había trabado durante un tiempo contacto con ellos. Sin embargo, como jamás pagaba una moneda pronto fue señalado por la tribu y marcado con la cruz de “gorrón”. En cualquier caso, “El Nutria”, que jamás se daba por vencido en lo que se refiere al hecho del reclutamiento, empleó con Tano diversas estrategias para ganárselo, pero la mayoría de ellas resultaron ser un auténtico desastre. El filósofo cuestionaba cada norma y principio del estricto reglamento del VRA, actitud que no tardó en generar más retractores. No obstante, el punto crucial de las relaciones de Tano con el GLM lo marcó un acontecimiento que desembocó en un foco de insalvable enemistad. Llegado el momento, al iniciado se le bautizaba con el nombre de un animal, consideración nada sencilla y en la que intervenía un largo proceso de introspección hasta que el gran Líder daba con la personalidad animal más adecuada para cada caso. Cunado le tocó el turno a Tano, que esperaba ser nombrado Tigre de Sir Lanka, León Africano o el mismísimo Dragón de Commodo, “Nutria” determinó que el espíritu animal que más claramente se manifestaba en su temperamento era el de la Tenia, pues había llegado a la conclusión de que tal miembro siempre sería un parásito. Desde aquel instante las relaciones entre “El Nutria” y “Tenia” no pudieron ser más hostiles.

En este momento se acerca “E-loy” agasajado por la lúbrica coordinadora y seguido de los de la pradera, encabezada principalmente por el “Nutria” y demás miembros del GLM. También está con ellos el director, hombre irrisorio, de unos cuarenta años, complexión de manzana, barba recortada y calvo como una bola de billar.

⸺⸺¡Lo prometido es deuda, mis entrañables artículos! ⸺⸺dice “E-loy” apuntando directamente a la balsa de basura⸺⸺. Ahí estáis todos: Nutria, Colibrí, Tejón, Manatí, Calamar, mariposa, Jabalí y Paquidermo.

Con los ojos achinados y la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba, mirando de un lado a otro la imagen, protesta el director:

⸺⸺¡Yo no veo mis botellitas entre toda esa basura! ¡¿Dónde están mis botellitas de “Uva del Norte”?! ¡¿Por qué ninguno de estos animales tiene una!? ¡Por qué!

⸺⸺¡Lo importante es que se vea el plástico! ⸺⸺. Exclama “Nutria” con voz timbrada y un tanto repelente que le silba entre los brackets sin apenas separar los labios.

⸺⸺Aquí lo único que importa es que se venda mi champán ⸺señalando al artista⸺ y aquí el señorito me prometió que me haría muy buena publicidad.

⸺⸺Haz el favor de no comportarte como un sintagma cualquiera, señor director ⸺⸺le reprende “E-loy”⸺⸺. Como te prometí, el eslogan de tu marca de champán está justo ahí…⸺⸺. Actuando muy rápidamente, despega la pegatina de la botella y la estampa de modo flagrante sobre el mismo puente romano.

⸺⸺¡Por las uvas de mi viña! ¿seré despistado? ⸺⸺a la coordinadora⸺⸺ esto se merece un brindis Rosí, vaya usted a por una de mis botellas a la barra… Presiento que este joven y yo haremos grandes negocios ⸺⸺enganchándose al otro brazo del artista y mirando sonriente el eslogan⸺⸺. ¡Pero que bien queda el condenaó!

⸺⸺Pues yo no encuentro la belleza en los eslóganes que están hechos de plástico, el plástico es el demonio y mata a muchos pececitos⸺⸺. Determinó Colibrí con los ojos cubiertos de lágrimas.

Colibrí es una mujer sensible a la que le huele el pelo a vinagre. Aunque se declara pacifista, el tema del plástico acaba siempre por sacarla de sus casillas, tanto, que en una ocasión llegó arañarle la cara a Tano. Mientras daban un paseo por Villa Mayor éste le comentó a Colibrí que había escuchado que los barrenderos se estaban quedando sin trabajo, por lo que decidió lanzar trocitos de plástico por la acera. Cunado Colibrí se percató de aquella atrocidad, pues muchos pajaritos podrían confundir el plástico por migas de pan y morir envenenados, mandó al garete todo su discurso sobre la paz y se abalanzó sobre Tano echa una furia. A pesar de haber salido de aquella contienda con la cara echa un cristo, Tano se sintió muy feliz al comprobar en sus propias carnes que la psicología moralista de los de la pradera es siempre la misma: en su caparazón hermético de ilusiones todo parece transcurrir de forma armoniosa, pero cuando sienten la presencia de una amenaza externa, a pesar de que tal amenaza no haya aplicado la violencia en ningún momento, no dudan en atacarla con toda la rabia y la virulencia propias de lo que al final no son sino instintos reprimidos.

⸺⸺Lo interesante es que el plástico se recicle ⸺⸺.  Añadió Tejón.

⸺⸺¡Eso! Si se recicla toda acción es legítima, porque en el plástico reciclado no se enredan los animalitos ⸺⸺. Le contestó mariposa.

⸺⸺¡Bien dicho! ⸺⸺. Gritaron Manatí y Calamar.

⸺⸺¡Viva el VRA! ⸺⸺. Exclamaron todos al unísono.

⸺⸺Artículos de mi alma, mis buenos amigos ⸺⸺les dice “E-loy”⸺⸺ Yo siempre utilizo material de recicle en mis trabajos artísticos.

⸺⸺Eso es porque eres un artista serio. Estoy harto de la gente que no respeta a la madre naturaleza, ojalá hubiera más artistas como tú en el mundo, de hecho, me gustaría invitarte a comer seitán a la “Perrera”. Después de mis charlas de conducta animal, podrías hablarnos de la transneometapoesis.

⸺⸺Estaría encantado “Nutria” ⸺⸺alzándose las gafas con el dedo índice⸺⸺. ¿Pero de cuánto dinero estamos hablando?

⸺⸺Podemos pagarte en especias, tenemos soja texturizada por un tubo… ⸺⸺. Sugirió Colibrí.

⸺⸺En cualquier caso, nos gustaría mucho que vinieras ⸺⸺continúo Nutria⸺⸺ desde hace tiempo acaricio la idea de renovar la imagen del VRA, lo cierto es que la “A” de anarquía se ha pasado de moda, y el negro y rojo… Bueno, ya sabes, estos colores ya no se sienten con la misma fuerza entre las nuevas generaciones ⸺⸺dirigiéndose a sus esbirros⸺⸺ ¿qué opináis compañeros? Propongo que la siguiente asamblea se abra con la presentación de un mural, si es que el artista está dispuesto, y nos inmortalice a todos salvando a la pacha mama de los carnívoros asesinos… ¡Compañeros! ¡todo sea cómo aquello que se me reveló en mis sueños! ⸺⸺evocando a sus oyentes⸺⸺ Porque esos sueños me lo aclararon todo, y desde entonces no albergo dudas acerca de mi destino en este mundo… Como ya sabéis, en sus orígenes el hombre fue un animal omnívoro, pero eh aquí que dotado así mismo de voluntad e inteligencia, en nuestro poder está el corregir este error congénito a nuestra evolución. Cuando cumplí los dieciséis años mis adorables padres me hicieron un pastel de cabrillas (Otala punctata), ya sabéis todos cuanto me han gustado siempre las cabrillas, lo sabrosas que se presentan al paladar cuando vienen acompañas de esa espectacular salsa de tomate y cebolla. Sin pensar en lo que hacía me comí todas las cabrillas de una sentada, pero a la noche… ¡qué horror! ¡No cesaba de pensar en mi detestable crimen! Una vez me hube sumido en el estupor de los sueños, cuando se repartían mi conciencia diversas inquietudes, se me apareció una de esas cabrillas mal digeridas que durante la víspera mandé a los infernales reductos de mi estómago. La cabrilla me instó a que me subiera a su concha y juntos emprendimos el viaje que cambió para siempre mi forma de comprender el mundo: conduciéndome a través de los cielos, aferrándome con fuerza a sus tentáculos oculares, nos trasladamos hasta las regiones remotas donde eran capturadas de forma masiva por los malvados mercenarios y vendidas después a los avariciosos comerciantes… Las pobrecillas, una vez arrancadas de su ecosistema natural, eran transportadas hasta el matadero hervidas en monstruosas cazuelas…. Entonces desperté sobresaltado de mi sueño, sudando por todas partes como un enfermo de varicela. Afligido por el remordimiento de mis crímenes, me prometí a mi mismo no volver a alimentarme de animales o sus derivados. Si las cabrillas, me dije, también tienen sentimientos, ¿cómo no habrían de tenerlos los huevos, la leche o el queso…? Durante semanas no pensé en otra cosa, a punto estuve de abandonar mis estudios, incluso se me pasó por la cabeza sacrificarme y morir de inanición. Sin embargo, en otro de mis sueños, la cabrilla me aconsejó que podía tomar ejemplo y vivir como los gasterópodos, que la tierra nos da todo lo que necesitamos para la subsistencia y que los entes sin conciencia, es decir, las leguminosas, las frutas, las verduras, y en general, la totalidad de la hierba, era más que suficiente para alimentarnos. No debía demorar un día más en mi conversión, había llegado el momento de dar ejemplo y trasmitir el mensaje que la cabrilla me había inducido a través de los sueños. Con el manual del vegano entre mis manos, y un deseo irrevocable de hacer justicia, emprendí el arduo camino de la veganización del mundo… Pasé muchas dificultades, mi cuerpo no aceptó de primeras la nueva dieta, muchos rivales me salieron al paso, pero ya estaba decidido, y desde entonces, todo aquel que no aceptara los principios del veganismo sería considerado por nosotros como un enemigo….

⸺⸺¡Bien dicho maestro! ⸺⸺. Reprobaron Paquidermo y jabalí.

⸺⸺Los carnívoros atentan contra la vida y favorecen la ganadería intensiva que desertiza y destruye el planeta ⸺⸺. Intercaló Tejón.

⸺⸺Todo gira en torno a la carne y el plástico, ambos agentes son los responsables de la contaminación ⸺⸺. Arguyeron Calamar y Colibrí.

⸺⸺¡Muerte al carnívoro torturador y genocida! ⸺⸺exclamaron todos, y después⸺⸺, ¡Larga vida al VRA!

⸺⸺¿Contamos con tu veredicto artístico? ⸺⸺. Le pregunta Nutria a “E-loy”.

⸺⸺Contad, artículos, contad sin problema y pagarme con soja texturizada… ⸺⸺con etulancia⸺⸺. ¡Me habéis inspirado una nueva escultura!

⸺⸺¡Rosí! ¡Sirve unas copas a estos salvadores, sírveles que mientras se beba mi champán yo también dejaré de comer jamón! ⸺⸺. Aulló de júbilo el director.⸺⸺¡Respetable director ⸺⸺se apresura a decir Nutria antes de que el desm

adre reine entre sus pupilos⸺⸺. Nosotros no bebemos alcohol, pero si además de champán le da a usted por hacer mosto ⸺⸺mostrando los dedos en ademán de juramento⸺⸺ le garantizo que en todos los ATP no se servirá otra cosa.

⸺⸺¡¿Champán, mosto?! ¿Has escuchado Rosí? ¡Voy hacerme millonario, haré realidad el sueño de mi difunto padre!

⸺⸺¡Qué sabio es nuestro líder Nutria! ⸺⸺. Exclamó Colibrí.

⸺⸺¡Pero aún no debemos cantar victoria, compañeros! Todavía existen criminales que, como las piezas defectuosas de un puzle, se resisten a acatar nuestros principios. ¡La pacha mama nos llama en su ayuda! ⸺⸺dirigiendo a Tano una mirada torva y virulenta⸺⸺ ¡Ahí está Tenia, el parásito!

Todos se giraron ante nuestros héroes, que hasta el momento permanecían ajenos, escuchando todo cuanto allí se decía y discutía con tanta vehemencia. Pero Tano no iba a retirarse sin presentar batalla, jamás había sentido reparo en decir lo que pensaba de aquella secta. Bien sabía el filósofo lo necesario que le era el hombre recordar en todo momento la presencia del diablo, ese Dios caído de los cielos que había regresado del infierno para rememorar los límites de las utopías prometeicas. Resguardándose tras su pequeño, aunque compacto escudero, que sin duda le valdría para amortizar los primeros golpes, dijo:

⸺⸺Antes de que me empleéis como carne de cañón para vuestros irrefrenables deseos de sacrificio, ya que es inconcebible que las religiones prescindan de ello, os sugiero que hagáis el favor de contemplaros a vosotros mismos, pues no es en la carne ni en el plástico, sino en vuestro propio espíritu corrompido y mezquino donde yace la epidemia que ansiáis erradicar. Habláis de la naturaleza como un ser dulce y amable, que a todos mima por igual en su reino de paz y armonía, juzgáis con desacierto la avaricia del hombre y lo creéis indigno de ocupar un lugar en su seno. Mas yo os digo, ¡seres pervertidos y deformes! Que, si el hombre no fuera su hijo predilecto, ¿a qué diablos responde el hecho de que se haya apoderado del reinado de la tierra? Despreciáis el antropocentrismo, lo consideráis idea banal y absurda, sin embargo, ¿existe acaso una visión más antropocéntrica de la naturaleza que la que vosotros mismos formuláis? Permitirme que os desenmascare, topos ciegos de la verdad, y os advierta de que el mundo siempre será un lugar peligroso, que la historia de la vida no es la de la paz, sino la de la guerra y la lucha inacabada por la existencia. Que la vida se adecua al mundo por su hostilidad, que es su inherente fatalidad la que promueve su transcurso y que no hay equilibrio en la tierra que no nazca de la destrucción. Que somos en el universo tan solo una posibilidad, un accidente, que la diferencia entre la existencia y la extinción son solo conceptuales. A cada paso que doy en esta tierra destruyo cientos de universos de vida, del mismo modo que generaré miles de ellas cuando las raíces de los árboles absorban el nitrato de mis órganos descompuestos. Que el sufrimiento de lo que vive es precisamente irrevocable por el mismo hecho de existir y que esas penas y remordimientos que os sacuden el alma durante vuestros sueños pueriles no son sino la enfermedad de los espíritus esclavos y decadentes. Que no podréis refrenar los instintos destructores de la vida, que jamás podréis parar la fuerza del devenir y que lo que juzgáis como noble y bueno no es más que ruin y despreciable. El orgullo de vuestra lucha solo queda sustentado por la evanescente ilusión del perspectivismo, óptica mediante la cual valoráis del mundo aquello que promueve vuestros intereses, algo que en realidad hacemos todos, pero al menos el parásito es consciente de que no nació para otra cosa. Vosotros, terroristas, tiranos, jorobados y epilépticos no tenéis idea de hacia donde cantearos, primero arremetéis contra la misma naturaleza atacando su verdad más elemental, después contra la sociedad y, por último, careciendo de una razón consolidada, aclamáis la moral como único principio, ¡oh, sí! ¡la moral! ¡esa prostituta enmascarada que habéis fijado en la conciencia de forma indeleble! Y lo mismo cabe suponer del remordimiento, el Cerbero de vuestros instintos degradados, silente sombra que os persigue hasta en vuestras mejores intenciones…

⸺⸺¡Galimatías! ¡Exabrupto! ¿Acaso quieres instarnos a beber otra leche que no sea de soja o arroz? ⸺⸺. Repuso Calamar.

⸺⸺Mientras no pienses lo mismo de mi champán… ⸺⸺dijo defendiéndose el director⸺⸺, ¿O es que acaso no lo has probado? ¡Rosí, sírvele una copa! A todas luces se aprecia que el muchacho necesita champán… ¡mi champán!

⸺⸺Yo si quiero… ¡hiup! ⸺⸺. Responde Sapito.

⸺⸺¡Fuera de mi vista, Tenia! ¿cómo es que no estás en tu mugriento agujero? ¡Regresa con los tuyos antes de que sea demasiado tarde! ⸺⸺. Amenazó Tejón.

⸺⸺Eso Tenia, parásito… ⸺⸺dijo Nutria imponiéndose⸺⸺, ¡vuelve a cebarte de los pinchos que elabora ese tabernero criminal y asesino ⸺⸺dirigiéndose ahora al grupo⸺⸺ ¡observad, compañeros, los efectos que tiene en el organismo esa geta grasienta de la que se alimentan los bárbaros!

⸺⸺Y yo que solo la quiero de humano ⸺contestó Tano pellizcándole en la mejilla⸺. ¡Pero por lo que toco apenas hay diferencia con la de los cerdos!

⸺⸺¡Está agrediendo a el maestro! ⸺⸺. Chilló colérica Colibrí.

⸺⸺¡Todos a él! ⸺⸺gruñó jabalí⸺⸺ ¡despojemos a la naturaleza de semejante monstruo!

Nuestros héroes no solían amedrentarse durante las reyertas, pues en muchas ocasiones ya habían hecho alarde de su coraje protagonizando cientos de peleas en la taberna. Pero esta vez la coyuntura era bien distinta, su minoría evidente. Deseando escatimar los daños, pues solo en este tipo de circunstancias podía presumir sapito de cobrar en condiciones, persuadió a Tano de que una retirada a tiempo podía ser considerada una victoria, que así lo había leído en un libro de estrategia militar y le aseguró que, si conseguían salir de allí con vida, todo quedaría reflejado en su próximo poema. Considerando la naturaleza tautológica de la proposición de sapito, y ante la perspectiva de que le desfigurasen la cara, Tano optó por seguir a su escudero y largarse de allí tan pronto como les fuera posible. Como dos escurridizas lagartijas, nuestros héroes esquivaron con asombrosa habilidad la lluvia de mandobles, patadas y escupitajos, que, en la propia confusión de la batalla, recayeron accidentalmente sobre el indefenso director. Trascurridos unos días de la contienda, sapito describiría con rigurosa fidelidad en su epopeya “Retirada a tiempo”, la forma en que lograron escapar a la somanta de hostias que se les vino encima, sin mayor perjuicio que el de una oreja arrancada de cuajo y la molestia ocasional de dos o tres puñaladas.

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