Fragmento. Historia del señor C.

Fulgencio Amador le dijo al señor Cascaval que había muchas formas diferentes para denominar lo que estaban a punto de hacer. Le dijo que, por ejemplo, en su tierra se decía “pintarse unas rayas”, pero que también había oído decir “estirar unas líneas”, o, como le había escuchado a un colombiano, “trazarse unas clenchas”. La expresión “ponerse unos tiros” era quizás la más extendida. En Zaragoza, en cambio, la gente usa la expresión “pintar unos garabatos”. Después le pidió al señor Cascaval que se enrollase un turulo con uno de los billetes naranjas de la cartera. Le salieron cuatro hermosas rayas de cocaína tan largas como el documento de identidad y tan gruesas como un dedo meñique. El señor Cascaval le tendió el turulo y Fulgencio Amador hizo los honores. Primero esnifó con el agujero izquierdo de la nariz, y después lo hizo con el de la derecha. Le dijo a Cascaval que hiciera los mismo, que a la hora de esnifar convenía no hacer distinciones entre usar la izquierda o la derecha, no es como masturbarse, que ahí sí que importa la diferencia, y mucho, decía. El señor Cascaval respondió que normalmente siempre había esnifado por el agujero de la izquierda, aunque se masturbaba con la mano derecha. El poeta le preguntó si alguna vez se había masturbado con la izquierda. Cascaval contestó que sí, pero que no era lo mismo. Después el poeta le dijo a su amigo que jamás había probado una droga igual. La cocaína es la mejor droga del mundo, decía. Uno no sabe de lo que es capaz hasta que no consume cocaína. La cocaína saca lo mejor de uno mismo, a veces también saca lo peor, pero en ambos casos, la cocaína solo potencia lo que llevamos dentro. Es muy importante consumir cocaína, tan importante como conocerse así mismo. La gente que reniega de la cocaína no tiene mi respeto. La cocaína es un invento milagroso dentro de este planeta inmundo. Sin embargo, los jodidos yonkis, esos tampoco tienen mi respeto. Los yonkis son unos miserables capaces de meterse cualquier cosa. No tienen criterio, desconocen lo que es gozar aristocráticamente. Por culpa de los jodidos yonkis de mierda la gente tiene miedo a la droga. Si fuera presidente legalizaría todas las drogas, aunque también suprimiría a los yonkis. Ojalá fuera gobernante. Estoy hasta los mismísimos cojones de que la cocaína sea tan cara por culpa de los incompetentes que nos gobiernan. También suprimiría todas las leyes. Bueno, la de legalizar las drogas no. Esa sería la única ley de mi gobierno. Después le diría a la gente que hiciera lo que le diese la jodida gana. Alguna vez te has preguntado qué demonios quiere decir eso de que la ley nos hace a todos iguales. Menuda gilipollez. Las leyes nos han sido impuestas para refrenar nuestras pasiones más ambiciosas. Otra cretinez semejante es esa de la igualdad para todos. Por quién nos toman. Por unos gilipollas nos toman. Podremos estar sometidos más o menos a sus leyes de mierda, pero gilipollas no somos. La igualdad para todos no existe, en realidad, igualdad para todos quiere decir igualdad para ninguno, o que todos somos igualmente desiguales, todos, salvo el que está por encima de la ley. La ley es el fundamento de la desigualdad. Al rey no se le puede juzgar, eso mismo dice la constitución. Todo es una cuestión de poder. En general los hombres no envidiarían el trono, pero sí que envidiarían al que se sienta en él. El señor Cascaval le preguntó al poeta que opinión tenía sobre Dios. Dios, filosóficamente hablando, decía Fulgencio Amador, es la ilusión de que el ser humano es algo más que la nada. Dios es el recurso de los débiles, el crisol donde se forja la esperanza de aquellos que no aceptaron que su destino será la aniquilación absoluta. Fulgencio Amador se prendió un cigarrillo. Aunque tampoco descarto que algún día se decida de una vez y me llame, igual que a ti. Yo también soy humano. Pero cuando el hombre miserable trata de acercarnos a Dios, cuando hace de la beldad una propiedad moral, entonces solo tienes que mirar a este mundo para darte cuenta de que Dios no forma parte de él. Otra cosa es que Dios sea en realidad justo lo contrario de lo que hasta ahora se ha dicho sobre él, es decir, que fuera un jodido diablo de los infiernos. Si así fuera, entonces sí, y además diría que también está en todas partes. Lo que mantiene viva esta creencia es el deseo de vivir en un mundo mejor, si la gente no creyera en la posibilidad de las utopías, algo que es del todo absurdo, pues utopía significa “que no está en ninguna parte”, las matanzas se sucederían a diario. Lo que ocurre es que la gente no está a la altura de su odio. Si la gente estuviera a la altura de su odio la sociedad se descompondría de la noche a la mañana. Pero la gente sigue soñando con utopías. Está bien soñar con utopías, sin embargo, jamás podremos olvidar que incluso el odio contiene más humanidad que cualquiera de ellas. En ninguna de las utopías podría existir la libertad. Es como lo del paraíso. En el jodido paraíso de la biblia todo estaba envenenado.

 

IRINEO LEONEL

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