“La campana de Marbacher”. Fragmento. La historia del señor Cascaval.

Simone, la encargada del Bäckerei, recibió al señor Cascaval a las puertas del establecimiento. Simone era una mujer corpulenta. Tenía el pelo muy rubio y lo llevaba recogido en dos trenzas que le caían por los hombros. Los ojos eran de color verde, y por la luminosidad de su rostro, sería imposible imaginar que pasara de los treinta. El señor Cascaval pensó que Simone era una mujer muy atractiva. Simone le mostró el interior del establecimiento. Aparte de la encargada, en el Bäckerei, trabajaban además un hombre joven de nacionalidad siria, llamado Daish, que había inmigrado a Alemania en calidad de refugiado, y una griega, Anastasia, que era la empleada de más antigüedad. Tras presentarse formalmente, ambos empleados continuaron concentrados en la afanosa tarea de elaborar bocadillos. Cascaval observó que los pezones de Simone se habían erizado, y mientras ésta le mostraba el resto del establecimiento, Cascaval imaginaba a Simone de rodillas, sin su blusa y con las tetas enormes oscilando sobre el sostén. Imaginaba la circunferencia rosada de las areolas de los pechos de Simone. Imaginaba sus pezones erectos y se imaginaba pellizcándolos. Imaginaba las tetas enormes de Simone masturbándole. Cuando Simone le empezó hablar sobre las condiciones del contrato de trabajo, condiciones que se reflejaban en unos papeles que había depositado sobre un mostrador, papeles saturados de palabras ininteligibles, de palabras enormes que ocupaban líneas enteras; Cascaval solo podía pensar en cómo se movían los labios de Simone, en cómo esos labios se pondrían de acuerdo con la lengua para hacerle una mamada. Imaginaba que una de las manos de Simone le acariciaba los huevos, mientras que con la otra le meneaba la polla. Imaginaba que primero se la meneaba muy despacio, retirando suavemente el prepucio del glande, después más rápido, presionando el surco inferior del pene, embadurnando el pene de su propio flujo. Imaginaba los ojos verdes y brillantes de Simone mirándole desde abajo, con el pene introducido en la boca produciéndole ahorcadas. Imaginaba los hilos de baba mezclada con semen tendidos entre la polla y los labios de Simone…

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