“La campana de Marbacher”. Historia del señor Cascaval. Fragmento.

La iluminación del Kizsten confería al club un ambiente Chill out. La camarera que les sirvió era una mujer joven. Los dos amigos coincidieron en que era preciosa. Los bucles de su cabello eran de color negro azabache. Sus ojos de un color azul intenso. Su sonrisa más radiante que las estrellas. Después de la banda de Orleans se subió al escenario una mujer de origen ruso que se presentó como Svetlana Vasileva. De acompañamiento estaban el piano, el contrabajo y la batería. Svetlana Vasileva también era preciosa. Alta, delgada, con el pelo ondulado y rubio. Los ojos los tenía de color miel. Eran unos ojos avasallantes. Los labios se los había pintado de rojo bermejón. En el cuello llevaba un collar de perlas blancas y en el dedo corazón un anillo de compromiso. Cascaval, que entendía mucho de joyas, le dijo a Fulgencio que el anillo era de bisutería, y también que las perlas eran falsas y que estarían echas de plástico u otro material parecido. Fulgencio Amador solo dijo que le gustaría besar a la rusa apasionadamente. Cunado la actuación comenzó, los focos de la iluminación se concentraron sobre Svetlana Vasileva, cuya figura eclipsaba al resto. Tenía una voz potente, embaucadora, que desde el primer instante se adueñó del público. Era como si el tiempo se detuviera, o como si jamás hubiera existido. El universo volvía empezar con la embriagadora voz de Svetlana. Un universo en catarsis. El público, que la escuchaba absorto y en completo silencio, no recordaba absolutamente nada acerca de sí mismo. Los que contemplaban a Svetlana se olvidaron de existir, se evaporaron. Pero Svetlana no podía olvidar. A Svetlana se le desangraba el alma por los ojos. Los ojos cubiertos de lágrimas, resplandecientes, que miraban hacia al fondo del Kizsten con una agonía indescriptible. Los recuerdos de Svetlana renacían y se apoderaban de su voz, y de su persona, y de todo lo que fue, y de lo que era ahora, y sabía que todo lo que cantaba se lo debía únicamente a sus recuerdos, al sufrimiento que la mataba.

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