Para A

Dime seis veces seis y te diré que contigo no son suficientes. El problema es que últimamente no hacía más que dejarme querer, pero ahora me ha golpeado una ola cuando tenía la boca abierta. Me había acostumbrado a pensar en un cadáver y había olvidado lo que era orbitar alrededor de alguien que canta y baila. Una flamenca con coraza de chulería, que anuncia la espesura de un jardín secreto que alberga dulces pero ácidas naranjas brillantes. Melena de unas cuantas canas contadas, pocas como las personas por las que merece la pena cometer una locura, como ella.
Nunca antes la ironía fue tan directa, nunca antes se había decidido el resultado de la partida sin jugarla. Y la inseguridad de lo que solo se puede llegar a sugerir se enturbió con la que llevaba en la mochila, y yo temblaba, y ella se tapaba la boca con el cuello del abrigo, pero ocurrió. Así que ¿soy un cateto con suerte? De ella me llevo la tripa revuelta del que espera una respuesta y los suspiros de una princesa que echa de menos, y es bueno, pero no es suficiente. Demasiado pensar en lo que no ha ocurrido, lo sé, pero ¿acaso se puede encontrar una definición mejor de lo que es estar vivo? Al menos creo que todo fue bien, porque los noes se leen en los ojos, y los suyos brillaron como los de un químico que descubre una reacción fatal. Pero aquella noche no fue un triunfo, porque me devolvió al traqueteo emocional del adolescente que aguarda señales de humo.
Esperamos que el resultado no sea una piedra fascinante como lo es un teléfono sin línea. Trabajemos con la pasión del minifundista para obtener instantes cómplices, diminutos pero persistentes como los cristalitos de metralla que me clavó con la aventura de una sola noche. El asunto es que hemos venido a jugar, y lo peor es que no me gustan las carreras sin obstáculos. Y ya que lo suyo son los presentimientos, puedo aventurar que nos quedan carcajadas por compartir, que solo nos falta una conversación interminable como la mesa de un rico para devorarnos.
Definitivamente quiero tener una razón para viajar al sur. Y espero que ella no tenga que leer esto para darse cuenta de que no lo he escrito únicamente juntando palabras. Y ahora que Notre-Dame ha ardido, hagamos juntos que el pasado no sea recordado como un tiempo mejor. Prometo no defraudar.

Osmos

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