Divino Diablo

DIVINO

La luz, eso es él. Una luz como la que penetra por las nubes hinchadas de oxígeno, luz que perfora y ametralla hasta las más diminutas pupilas. La luz o el “bien” de dónde han de venir sino de lo divino, de lo que arriba yace más allá de cualquier humano alcance. Así es lo divino: una claridad diurna que en la noche de las sombras resplandece. Sin embargo, algo maqueavélico dirige la maquinaria de la divinidad, pues como ya anunciaron los grandes poetas: “no es si no de la tiniebla de donde emerge la luz” o “el cielo se construyó con las ruinas del infierno”. No hay divinidad sin un humano que la engrandezca, sin un mito ¡oh Divino! que brille más allá de la propia historia. Así surgió el mito del divino y sus parcas y así como no hay Dios que no tenga como confesor a un demonio, tampoco habrá divino sin diablo, como tampoco hay día sin noche, ni todo sin nada, ni poeta sin musa. Quizás sea éste y no otro nuestro propósito, resaltar de la existencia lo que se contrapone y sustenta. Ya anunció un sabio orador que en el mundo no hay más que dos sustancias, dos sustancias opuestas que lucharán eternamente, intentando sobreponerse la una a otra hasta el fin de los tiempos. En este sentido, somos nosotros los videntes de esta historia, del juego infinito del contraste, ¿pues no es todo lo humano una mezcla heterogénea entre lo bestial y lo divino, no se dan en nuestro corazón tanto la paz como la guerra, tanto el amor como el odio? Ya advirtió un poeta de cuyo nombre nadie se acuerda: “¡yo, dicen yo!/¿mas no es el yo el ocaso, la fusión del contraste?/¿acaso me levanto y digo “YO”/ y ¿no soy yo todo aquello que emerge de un solo caos como la noche?”.

DIABLO

Ente emergido del infierno. De la oscuridad que alberga cada corazón, en sus adentros.

Danzador macabro por el inframundo, soberano de la muerte y embajador de las pesadillas.

Parte fundamental de la vida.

Rabia contenida, deseos macabros y pensamientos impuros, seductor de las presas.

Pocas veces sale a la luz, pero esta allí presente ya que somos criaturas imperfectas. Adjetivos peyorativos que pensamos  ocultos bajo la careta que mostramos. Lengua viperina que nos atormenta de susurros en nuestra cabeza.

Oscuridad necesaria que nos hace llegar al fundo del gran estanque de mierda que es el mundo. Para poder renacer nuevos, puros bajo esta incontinencia.

Pieza necesaria para comprender que el humano quiere guerras, desea las diferencias sociales y rechaza el cambio.

Forma, que parece imperar en nuestro nuevo mundo, donde está gobernando. En el cual apartamos la mirada de las injusticias, donde en nuestro trono cambiamos de canal para ver otra realizar y no afrontar el mundo.

Ilusorias comodidades que alimentan a Diablo, fortaleciendo su imperio entre los no vivos.